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“Si nuestra cultura va a ser Reincidentes, Boikot y Los Chikos del Maíz, con todo lo que los quiero, yo me suicido”

Federico Severino (Madrid, 1984) terminó sus estudios en la London School of Economics, uno de los centros universitarios más prestigiosos del mundo, justo a tiempo para incorporarse a Podemos en sus primeros compases. Exmilitante de las juventudes comunistas, Severino estuvo con Pablo Iglesias en la Delegación del Parlamento Europeo y, luego, con Rafael Mayoral en la secretaría de Relaciones con la Sociedad Civil. Ahora asume la dirección del Instituto 25M, la fundación de Podemos, para continuar con el trabajo de despliegue de una de las herramientas fundamentales del partido para continuar con su búsqueda de la hegemonía social.

Severino quiere pasar “de programar a producir”. Que el Instituto 25M sea menos un lugar que albergue proyectos y más un generador de contenidos, con la mirada especialmente puesta en lo audiovisual, donde Podemos ha destacado desde su fundación. Pero con otros ritmos, otros lenguajes, otros formatos y, sobre todo, otras personas. El director de la fundación, que estará presidida por Pablo Iglesias, apuesta por acercar las moradas (“y las moraditas“) a lo popular. Menos “debates egregios” y más actividades que entronquen con las “pasiones” de la gente a la que se quiere llegar. “¿Podemos poner fútbol en las moradas? Yo creo que por supuesto”.

¿Cuáles son los objetivos que se marca para esta nueva etapa del Instituto 25M?

A medio y largo plazo queremos pasar de programar a producir. Venimos de un campo de construcción en lo audiovisual, de una estrategia comunicativa muy potente, que es lo que nos ha permitido resignificar el sistema de partidos español y dimensionar un nuevo espacio político. Ahondar en esa estrategia desde un espacio diferente al partido, que te permite trabajar en un espacio y un tiempo que no es el de la actualidad política ni en un entorno partisano. Esos dos vectores permiten traer gente que quizá crees que estarían interesados en dialogar con una de las manifestaciones de Podemos, como es la fundación.

Hasta ahora hemos buscado nódulos de apertura, como son las moradas, con debates muy potentes en lo intelectual, en lo que se refiere a pensarnos a nosotros mismos. Nos hemos pasado dos años contándonos cuál es el truco, si éramos populistas o no, y ahora tenemos que empezar a enseñar a hacer magia.

¿Y dónde está esa magia?

Por un lado en producir materiales muy atractivos, innovadores y osados en lo audiovisual, en lo editorial y también en la producción de eventos. Tenemos que buscar formatos que tengan un fundamento teórico potente pero que pueda llegar a quien queremos llegar. No puede haber puestas en escena de debates muy egregios que la gente no puede descodificar.

Yo lo planteo como un ejercicio de traducción y de resignificación. Tenemos que hablar con mucha gente que no son de Podemos y traducirlo a nuestro sentido común, a nuestros ejes fuerza. Esto ya lo han hecho otros. La Faes de los 2000 fue una cosa que supo atraer a personas de la izquierda histórica y del sindicalismo, como el caso de José María Fidalgo (ex secretario general de CCOO), y hacerlos hablar en su lenguaje. Yo recuerdo las conversaciones entre Fidalgo y Rodrigo Rato y estaban codificadas en el lenguaje del neoliberalismo.

Por otro lado tenemos que atraer a actores que no tienen nada que ver con la política. Para hablar de política no tienes que ser necesariamente político. A nivel cultural eso es muy potente. Tenemos que explorar las posibilidades de hablar con gente que sea más mainstream. Hablar de política sin tener que hablar de política sería estupendo. Pienso en gente que ocupa una posición de centralidad en el mundo del deporte o de la cultura. No tenemos la vocación de hacer un espectáculo de masas ni un producto destinado a la banalización, pero sí a la resignificación.

Pone como ejemplo de centralidad el deporte, ¿Podemos se ha normalizado lo suficiente como para que una figura del deporte pueda ir a una conferencia del Instituto 25M?

Pondré todo mi empeño en que así sea. Yo creo que se ha normalizado Podemos y que cuando sale un portavoz, independientemente del tema, es bastante previsible el papel que va a jugar. Quizá no lo que va a decir, pero ya no se genera la expectativa que generaba tiempo atrás. Ya no buscamos ser rompedores ni buscar un marco de lo novedoso ‘ad eternum’.

Podríamos plantear que un deportista hable desde el partido pero, ¿de qué tendría que hablar? Seguramente de lo que está pasando en el país. Y eso lo hace a veces aburrido o tensionas a la otra persona para hablar de cosas que tienen un efecto inmediato y que quizá no le sean pertinentes. Pero sí pueden hablar de cuestiones que para nosotros son fundamentales, enfoques de fondo sobre derechos o cuestiones relativas a las libertades civiles. O de los valores propios de cada una de sus profesiones de forma más distendida y que no esté centrado en la actualidad política. Yo creo que eso lo puede hacer el Instituto y lo puede hacer bien.

Sobre los portavoces de Podemos sigue habiendo una lupa, se pone especial atención en lo que dicen o hacen. Da igual que Pablo Iglesias hable en el Congreso o en una conferencia en La Morada. Por eso mi pregunta anterior, ¿existe la posibilidad de un espacio donde la gente de Podemos pueda expresarse de manera menos constreñida?

Yo lo planteo en términos de canal y de medio. Por eso en la fundación nos planteamos pasar de programar a producir. Hacer nuestros propios materiales implica necesariamente saber por qué canales los queremos distribuir, lo que nos permite elegir el formato.

Si nosotros producimos ciclos de entrevistas y de encuentros bien editados marcamos los tiempos y marcamos las preguntas. Y eso permite otras cosas. Nosotros queremos generar otro espacio-tiempo, sin necesidad de llegar a una audiencia tan masiva como los periodistas, pero sí con productos de alta calidad donde podamos hablar en otros términos.

Programar es más barato que producir. ¿Está económicamente preparado el Instituto para este cambio? ¿Qué vías de financiación van a buscar?

La dotación del Instituto no ha sido para nada mala, pero es cierto que producir exige poner más recursos financieros y humanos sobre la mesa. Pero nosotros venimos de la experiencia de que con recursos básicamente asumibles se pueden hacer bastantes buenos productos. Un ejemplo son las campañas electorales.

En lo editorial también te puedes exigir editar de una manera más preciosista y relevante, con un gramaje perfecto, o hacer una transición a un formato de menos calidad formal, por ejemplo.

¿La revista ‘La Circular’ que edita la fundación, por ejemplo?

Es estéticamente estupendo, extraordinario. Como objeto y como contenido. Pero tiene que cumplir un objetivo. Tenemos un debate abierto y sincero sobre qué edición queremos tener. No hablo solo de la revista. Podemos reeditar autores. O elementos inexplorados como la novela gráfica. Hay cabida para innovar sobre el vector de cómo se explican las cosas. Y si somos capaces de explicarlas con humor seríamos héroes.

El poder, cualquier poder, es muy difícil que se ría de sí mismo. Satirizarte es algo que siempre van a hacer otros. Pero buscar un formato donde nos podamos divertir, reírnos de nosotros mismos y hacer una pequeña parodia de los lugares comunes de Podemos desde un organismo que es de Podemos, sí me parecería innovador. Independientemente de las viejas y las nuevas políticas no conozco ningún campo de fuerza de poder que sea capaz de parodiarse o satirizarse.

Podemos ya ha conseguido en apenas tres años que cualquier persona utilice expresiones o conceptos que son eminentemente suyos. Y esto se ha conseguido sin necesidad de producir casi nada. ¿Qué se busca ahora?

Siempre hemos planteado que hay dos recorridos. El ciclo corto y el ciclo largo. En el primero teníamos una política comunicativa muy enfocada a los medios y los demás actores tenían que asumir parte de nuestro lenguaje. Pero en el ciclo largo el objetivo es reconstruir la destrucción de la individualización de tantas décadas de neoliberalismo. Eso no lo haces en poco tiempo. Hay que crear espacios de socialización que permitan reconstruir un ámbito de solidaridad y fraternidad que las políticas laborales del neoliberalismo ha destruido.

Hay que buscar fórmulas que nos permitan llegar a mayores públicos. Ahí la teorización que hace Íñigo [Errejón] de la apertura es imprescindible. Hay que seguir abriéndose a públicos que no somos nosotros mismos. Para mí sería una frustración tremenda hacer productos de autoconsumo militante o crear pasquines como Mundo Obrero. Eso para mí no tiene utilidad. Para eso clausuro la fundación.

Nosotros queremos llegar a más gente y con más impacto. Tenemos referentes como Pablo Iglesias, que empieza con La Tuerka u Otra Vuelta de Tuerka, formatos que no vamos a duplicar; tenemos la extraordinaria elaboración de Jordi Évole, que es generador de opinión pública de cuestiones que eran impensables hasta el momento y al cual le debemos parte del sentido común que hemos creado.

¿Cómo se compite con eso?

Yo lo veo en términos de sinergia y colaboración. Eso ya está hecho y funciona. Tú puedes meter otros temas y hacerlo de otras maneras. Cuando hablaba de novela gráfica pensaba también en el teatro, documentalismo, piezas breves y cuidadas.

Mencionaba antes las moradas, uno de los proyectos entre inacabados e inacabables. ¿Tienen pensado redimensionar esa red de locales culturales que idearon los anteriores responsables de la fundación?

Sí, necesitamos darle una buena pensada. La idea sigue siendo la misma, crear nódulos que no sean de partido, sino abiertos a la interactuación con la ciudadanía. Dicho así parece fácil pero exige unos recursos financieros importantes, descentralización para que no todo quede en Madrid y que no se convierta en un espacio de militantes tomando cerveza en una barra. Y eso no es tan fácil. Programar algo que sea atractivo a la gente del barrio en el que estás no es del todo fácil. La gente tiene sus pasiones y hay que contemplarlo.

No se trata de darles pan y circo para que se acerquen a nuestro local, pero cuando tenemos debates sobre si podemos poner fútbol en las moradas yo creo que por supuesto. Hemos superado esa dialéctica de la izquierda más histórica y somos más ‘spinozianos’. Aceptamos que hay pasiones que son vectores políticos imprescindibles y el fútbol es uno de ellos.

Una de las cosas que agradezco es que he podido viajar por toda España con las campañas electorales y te das cuenta de que hay mucho público que no es urbano, gentrificado, de clase media cualificada. Y cuando vas a la España más rural te das cuenta del trabajo impresionante que exige para nosotros saber llegar a esos ámbitos, que son históricamente reticentes y que tienen una carcasa cultural y política muy dura.

Además nuestra gente es muy resuelta y cuando no les das los medios, por lo general lo hacen. El “sí se puede” lo han aplicado desde el primer momento. Nosotros nunca vamos a poner puertas al campo. Es cierto que las moradas son lugares donde puede haber fuentes de ingresos y con el dinero nuestra precaución es que todo sea al 100% transparente, que esté auditado y reglado.

¿Esto no ha sido así hasta ahora?

Ha sido así, pero hay locales de partido, que pueden llamarse ‘moraditas’, y te preguntan cómo hacer una distribución de los productos que sacaremos o del ‘merchandising’ que ya tenemos. En tres años Jorge [Lago] ha montado una estructura brutal y no le da tiempo a atender a todas las necesidades de una organización en construcción.

Menciona a Jorge Lago, responsable de la fundación hasta ahora, antes a Íñigo Errejón. ¿Cómo se traslada Vistalegre 2 a la fundación?

El Consejo de Coordinación designa al nuevo patronato, que tiene la composición que tiene. Yo sería bastante suicida si te comento que quiero hacer un espacio laico y abierto y automáticamente excluyo a una parte imprescindible de la gente que ha construido esta organización. No voy a derrochar un solo gramo de talento independientemente de donde se hayan posicionado en Vistalegre.

En Podemos se ha vivido una especie de ‘guerra cultural’ desde el principio. El partido ha estado buscando su canción desde su fundación y eso ha servido también para ver los orígenes y particularidades de cada uno de los grupos dentro del partido. Está los que apostaban por Vetusta Morla y los que prefieren Los Chikos del Maíz o aquél debate entre Bruce Springsteen y Coldplay. ¿Cuál es el papel de la fundación en esa búsqueda y definición de la cultura de Podemos?

El debate sobre la canción de Podemos es paradigmático. Quedó recogido un poco entre obreristas y nuevos chicos de clase media enfrentados entre sí. Un debate bastante dicotómico que sinceramente no recoge todos los matices. Yo por mi formación soy muy heterodoxo. Es cierto que hay un debate muy interesante sobre qué hacer con la cultura, cómo se transmite. No tengo una vocación evangelizadora ni pedagógica sobre cómo cultivar a un pueblo ni lo contrario, coger lo más rancio ni popular para hacerse un disfraz.

Yo creo que los pueblos sienten como sienten y hay vectores de pasión popular con los que podemos trabajar perfectamente. Yo en La Morada no tengo ningún problema con que un día pongamos reggaeton y luego tengamos jornadas más reivindicativas. Pero la cultura histórica de la izquierda tradicional me desespera. Yo he ido a muchas fiesta del PCE pero me pego un tiro.

Si nuestra cultura va a ser Reincidentes, Boikot y Los Chikos del Maíz, con todo lo que los quiero, yo me suicido. Podemos abarcar más y ser más ambiciosos sin hacer pasar nuestros gustos por los que deberían ser los de los demás, con grupos que son indiepop muy segmentados. Eso me interesa poco.

Podemos hacer un ciclo de música clásica feminista. O un día de máster class de reggaetón. Todo lo que sea liberación corporal en Podemos, que lo necesitamos y mucho, bienvenido. El tema de la plurinacionalidad se presta mucho a poder hacer cosas también. Tenemos grupos que cantan en diferentes idiomas, que un cantante mesetario español cante en catalán o viceversa. Se me ocurre Silvia Pérez Cruz, que canta en varios idiomas del Estado y está normalizado. Def con Dos lo hizo también en su momento. Si vamos a crear un producto para la gente que vive en el constreñido barrio de Malasaña, no me apetece.

Europa vive un momento muy delicado en el que se está reorganizando de alguna manera los bloques y la relación entre distintos movimientos de distintos países, ¿qué proyecto de internacionalización tienen con el Instituto 25M?

Nosotros ahora estamos colaborando con la red Transfound, que es la red donde se insertan muchas de las fundaciones de los partidos tradicionalmente de izquierdas, que es el espacio que hemos encontrado en Europa a través del GUE.

Hay un eje municipalista poderosísimo, en Italia hay muchas ciudades del cambio como en España. Nos miran para preguntarnos qué estamos haciendo nosotros, les contamos nuestra historia. Es un vector de conexión fundamental para saber qué está pasando y para seguir trabajando para recuperar una Europa democrática de los pueblos.

¿Llegamos tarde, o casi tarde, a esa batalla? Jean Marie Le Pen ya dio un susto a principios de siglo y estuvo a punto de llegar a la Presidencia francesa. La extrema derecha en Europa lleva tiempo con resultados poderosos y siendo fuerzas de Gobierno.

Estamos a tiempo de detener la ola. No es por echar balones fuera pero la socialdemocracia y su claudicación a través de la Tercera Vía tiene mucho que ver. No entendieron qué se movía debajo de sus pies y ahora hacen movimientos tácticos. El discurso xenófobo hay que mirarlo con atención. El otro día veíamos el programa de Évole y la cosa no es tan sencilla, merece una pensada. Vi un discurso muy potente, muy resignificado. O la socialdemocracia y otros vectores del cambio nos ponemos manos a la obra para disputar el campo a la alternativa excluyente o xenófoba, donde los derechos se plantean desde una perspectiva no democrática, o estamos muy jodidos.

¿Llegamos tarde? Yo creo que siempre llegamos tarde. ¿Cuál es el margen de la reforma? ¿Qué se puede hacer? Muy pocas cosas, llegamos a un campo que es casi tierra quemada. Como el Angelus Novus de Benjamin, detrás siempre hay ruinas y nosotros vamos hacia adelante recogiendo lo que podemos.

¿Cuál será el papel de la fundación en lo que a formación de cuadros del partido se refiere?

Las bases reclaman desde hace tiempo esquemas de formación. Las universidades eran hitos, y van a seguir siéndolos, pero muy puntuales que cumplían un papel en el ciclo electoral. Y entre medias quedaba tierra en barbecho. Tenemos que emprender formación entre esos hitos.

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