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Mustafa, retrato de la crisis española tres años después

En 2014, desde el Gobierno comenzaba a despegar un mensaje de salida de la crisis. “Lo peor [de la crisis] ya ha pasado, soy plenamente consciente de los problemas que han tenido los españoles, de los esfuerzos y de los sacrificios que hemos pedido”, decía el presidente, Mariano Rajoy.

Desde eldiario.es nos acercamos en 2017 a cinco hogares que visitamos en 2014 para conocer si su vida ha mejorado. Nos encontramos con testimonios de precariedad laboral, de pobreza infantil, familias desahuciadas, víctimas de represión, afectadas por los recortes en políticas sociales… Esta es la primera historia, la de Mustafa.

En 2014 entrevistamos a Mustafa Dieye, un joven senegalés, una tarde calurosa poco antes de romper su ayuno en pleno ramadán, desde su antiguo piso donde compartía techo con otros compatriotas que, al igual que él, se dedicaba a la venta ilegal ambulante, conocida como top manta. “No tenía otra opción para ganarme la vida”, confiesa al recordar esa etapa marcada por una situación administrativa irregular, que le privaba, entre otras cosas, de oportunidades laborales y de estar asegurado.

Siete años llevaba viviendo Mustafa en España cuando entró en vigor el RDL 16/2012, una de las normas que llegaron bajo el paraguas de la crisis, que supuso la exclusión del sistema sanitario de más de 800.000 personas en situación irregular.

Mientras la propia Ana Mato, ministra de Sanidad por aquel entonces, presumió de dar “un paso de gigante hacia la universalidad real de la sanidad” con la aprobación de la ley, Mustafa dejó de ir al médico por temor a no ser atendido o a no poder hacer frente al pago de la atención médica, como así estipula la normativa.

Por otro lado, numerosas ONG y plataformas denuncian las consecuencias del Real Decreto. Solo la Red de Denuncia y Resistencia al RDL 16/2012 (Reder), ha documentado 3.340 casos de personas excluidas desde enero de 2014 hasta abril de 2017, como así publicaron en su último informe. Además, la muestra de Reder refleja que las personas más afectadas son aquellas en situación irregular, con una representación del 56%.

Hoy, este joven reconoce que, en su vida, “todo ha cambiado mucho”. Lo dice mientras come uno de los platos típicos de Senegal, saboreando la nostalgia de sus orígenes y abriendo los ojos con un gesto de alivio. Y es que Mustafa volvió al médico, no porque la ley fuera rectificada o abolida, sino porque en noviembre de 2015 consiguió el permiso de residencia. “He hecho algunas revisiones médicas, como hace la gente… lo normal. Es una oportunidad que antes no tenía, nos la quitaron, pero gracias a tener los papeles la he recuperado”, cuenta, a la vez que lamenta que “sigue habiendo gente con el mismo problema” y pide que “esta situación de discriminación cambie ya”.

Tras regularizar su situación, Mustafa no dudó en aprovechar los “cambios y ventajas de tener papeles“, por eso, además de volver a atravesar la puerta de una consulta médica, visitó su país después de casi una década en el exilio, realizó cursos de formación y en la actualidad trabaja en un restaurante del norte de Madrid, con condiciones laborales dignas. Atrás quedaron las “casi 24 horas de trabajo diario”, llevando a cuestas la manta cargada y la incertidumbre constante de ser detenido y terminar en un Centro de Internamiento de Extranjeros.

Pese a todo, mantiene en la memoria el camino de obstáculos que recorrió como inmigrante sin papeles. “No olvido a la gente que ahora vive la situación por la que yo he pasado”, confiesa.

Por eso estira su sueldo y tiende sus manos, para ayudar a su familia en Senegal y para echar un cable a compatriotas recién llegados. “Es la forma de vida que tenemos aquí. Una vez que llegas, otros te ayudan y enseñan el camino: te acogen, te enseñan cómo puedes ganarte la vida dignamente, te introducen en las asociaciones de apoyo y movimientos sociales, etc.”, explica. “Además los amigos y paisanos te ayudan económicamente en lo que pueden, al menos en lo básico”.

“No solo ayudamos a los que acaban de llegar, también a otros que llevan más 10 diez años aquí sin papeles y no pueden trabajar, ni hacer cursos, ni nada”. Y propone que, para salir de ese laberinto, “el Gobierno debe ofrecer cursos, clases de castellano, atención sanitaria, etc. para facilitar la integración social”, e insiste que “los sin papeles son seres humanos como nosotros”.

Los años de recesión financiera han afectado a buena parte de la sociedad, pero muchos expertos e informes apuntan a que la población inmigrante se ha visto notablemente más afectada que la autóctona. Mustafa coincide con esa premisa y opina que “si la crisis afecta a los españoles, a los inmigrantes les afecta el doble”, y recuerda que bajo ese contexto “quitaron la tarjeta sanitaria a los inmigrantes”. A la vez pone en duda la cuestión de la recuperación económica en nuestro país: “Aunque a día de hoy hablen de recuperación económica, siguen con el mismo ritmo de discriminación y marginación”, recrimina.

También considera que la situación de mejora tampoco se refleja en la vida de la ciudadanía española. “Conozco a muchos jóvenes españoles que se van a Inglaterra, Alemania o Francia a trabajar; si hubiera recuperación estos chavales no tendrían que irse”.

Este éxodo de españoles que salen del país para buscar un futuro mejor, le recuerda al de su propia historia. “Ahora mucha gente está empezando a entender lo que significa la inmigración; gente que conocía el hecho de viajar por gusto, pero que ahora descubre que viajar por necesidad también es un derecho”. Mustafa pronuncia estas palabras sin ningún tipo de rencor, todo lo contrario: “La mayoría emigramos por una necesidad básica en la vida que en nuestros países no podemos cubrir, independientemente de que seamos blancos o negros”, matiza.

Ha pasado una década desde que este joven arriesgara su vida en cayuco, en busca de nuevas oportunidades al otro lado del océano. Ese mismo trayecto, pero en avión, pudo repetirlo en septiembre del pasado año, cuando visitó a sus familiares en Senegal después de haber regularizado su situación administrativa en España. Reconoce que se sintió inundado por un aluvión de sensaciones, porque “el recuerdo del camino a Europa perdura, porque es diferente a lo que imaginábamos”, pero después del tiempo transcurrido, considera a España como su segunda casa y se muestra agradecido por sentirse “como uno más”.

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