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Las vacunas que Javier Cárdenas denuesta evitan más de un millón de muertes al año, según la OMS

Las vacunas son un producto médico. No están libres de poder causar complicaciones. Sin embargo, lo que es seguro que no hace un suero contra el sarampión es provocar autismo, como difundió el presentador Javier Cárdenas. No lo hace porque el estudio que los relacionó en 1998 resultó ser un fraude. Un montaje destapado en 2006. Lo que sí ha hecho la vacuna de esta enfermedad es evitar la muerte de 20 millones de personas en los últimos 15 años, según la Organización Mundial de la Salud.

Las vacunas en general salvan la vida de, entre, dos y tres millones de personas al año calcula la OMS. Desde que se creara el primer suero inmunológico contra la viruela a finales del siglo XVIII, se han ido sucediendo nuevos preparados contra diversas patologías: sarampión, polio, gripe, meningitis, rubeola, varicela… y aunque no todas son lo mismo ni igualmente eficaces, los cálculos se van a los 1.500 millones de personas que no han padecido estas infecciones de manera mortal gracias a ellos.

Cada vacuna es distinta

Cada vacuna es un producto distinto en sí mismo. Aunque se basen en el mismo principio de inocular una versión atenuada de un patógeno en el organismo para desarrollar una respuesta del sistema inmunológico, no se trata de algo homogéneo.

Difieren en cuanto a eficacia y duración. Por ejemplo, según informa el Comité Asesor de Vacunas de la Sociedad Española de Pediatría, la vacuna contra el tétanos imprime un 100% de inmunidad durante, al menos, diez años: “Son excepcionales los casos en personas vacunadas”, aseguran.

Sin embargo, para la tos ferina se acepta unos resultados del 85% “para prevenir los casos típicos”. Además, este suero ha resultado ser de corto recorrido. Su longevidad ha sido “menor de la esperada”, dice el comité. El Centro de Control de Enfermedades de EEUU calcula que solo “3 ó 4 personas de cada diez estarán completamente protegidas cuatro años después de recibir la vacuna”. De ahí el repunte que esta patología está teniendo, incluida España. La última dosis generalizada en los calendarios oficiales es a los cuatro o seis años ya que la enfermedad es especialmente peligrosa en niños.

También existen sueros de largo aliento inmunológico. Por ejemplo, 25 años para la meningitis. A otras vacunas se les atribuye efectos imperecederos: “Las vacunas con virus vivos atenuados suelen tener una inmunidad duradera y no deben administrarse dosis repetidas durante la edad adulta”, dicen los vacunólogos. Ahí están las del sarampión, rubeola y paperas. Aunque, al mismo tiempo, se advierte de que la falta de contacto de la población con las cepas de virus naturales va a hacer en el futuro que se tengan que poner dosis de recuerdo “en algunos casos como la varicela”.

Además, como producto sanitario no están exentos de provocar efectos adversos. Está descrita una encefalitis diseminada posvacunal en sueros contra la gripe o contra el sarampión. La posibilidad de encefalitis tras la vacuna de esta enfermedad observado en las campañas de vacunación está en 1 cada 45.000 aunque la Sociedad Española de Pediatría asegura que las complicaciones graves se dan “en uno de cada millón de vacunas puestas” Esa es la balanza.

Pasto de la polémica política

Sin embargo, las vacunas en España no se han salvado del vaivén político. Cayeron en la lucha partidista, durante 2014 y 2015. La vacuna infantil de la varicela desapareció y regresó a golpe de decisión ejecutiva en ese breve espacio de tiempo. El Ministerio de Sanidad eliminó la dosis administrada a los 15 meses en algunas comunidades autónomas como Madrid o Navarra  y, por tanto, su financiación pública. 

No se esgrimieron causas económicas sino de salud: “La vacunación sistemática dificultaría la circulación del virus salvaje y se postula que esta situación conduciría a un mayor número de casos de herpes zóster”, describía un documento de la Agencia Española del Medicamento. La versión adulta y más grave del virus. Así transcurrieron dos cursos (en los que hubo repunte de casos aunque no pudiera establecerse de manera inequívoca la relación entre la decisión política y el crecimiento de infecciones).

Pero para 2016, el Gobierno dio un bandazo y reintrodujo el suero en las vacunaciones obligatorias: en 2016 se inmunizaría a los 400.000 nuevos nacidos. Sanidad dijo que el plan costaría seis millones de euros.

Mercado global

Uno de los argumentos esgrimidos por grupos antivacunas es el del negocio farmacéutico de la inmunización.  El mercado global de las vacunas supuso un volumen de 29.400 millones de euros en 2014, según el último informe de la OMS publicado en 2016. Ha crecido un 450% desde el año 2000.

Solo cinco laboratorios copan el 66% de la producción: Glaxosmithkline, Sanofi, Pfizer, Merck y MSD que se llevan el 80% de las ventas.  Esto ha conllevado que se produzcan situaciones de oligopolio e incluso monopolio para algunas vacunas, como ha descrito la OMS. 

“El número limitado de suministradores lleva a un delicado equilibrio entre la oferta  la demanda”, explica la organización. Si bien admite que la producción en gran escala “permite bajar los precios”, el hecho de que la producción esté en pocas manos ha provocado que se produzcan episodios de desabastecimiento incluso en países desarrollados: en España se han sucedido fallos de suministro. La escasez de suero contra la tos ferina por la caída de producción de Glaxosmithkline y Sanofi situación provocó una alerta de “riesgo para la salud pública” en la Unión Europea. 

Lo mismo ocurrió en verano de 2016 al subir la demanda de la vacuna contra la hepatitis A. Y parecida situación se registró en las farmacias a finales de ese año con el suero para la meningitis B. El laboratorio Glaxosmithkline se retrasó en el servicio durante meses. Solo se restableció en marzo de 2017.

Con todo, el premio Nobel de Medicina Jules Hoffman, galardonado no sin polémica por sus estudios sobre la inmunidad, resumió así la aplicación de sueros: “El gran riesgo con las vacunas es no usarlas”.

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