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Un colectivo alemán sortea una renta básica para fomentar su implantación

Olga Zimmer es una madre de familia de mediana edad. Tiene dos hijos adolescentes, Robin y Carla. Hace unos años a esta enfermera le diagnosticaron una enfermedad que le iba a impedir seguir trabajando en el área de atención sanitaria en la que se había especializado. En 2014 tuvo que plantearse una reorientación laboral, pero sabía que perdería económicamente porque su reconversión tendría lugar en un ámbito sanitario afectado por la digitalización del sector. “Me decía: ‘Tengo 43 años, soy muy mayor para el mercado de trabajo, para empezar una nueva formación y una nueva carrera. ¿Qué hago ahora?'”, cuenta Zimmer a eldiario.es.

Por suerte para ella, uno de esos días de dudas escuchó en la radio a Michael Bohmeyer explicar en qué consistía su último proyecto. Él es uno de los responsables de la iniciativa Mein Grundeinkommen, o “mi renta básica”, lanzada a través de Internet por un grupo de jóvenes emprendedores que trabaja en Berlín. Este colectivo ofrece la posibilidad de disfrutar por un año de unos ingresos de 1.000 euros mensuales a través de un sorteo organizado entre las personas que se inscriban en su página web.

Puesto en marcha desde 2014, el proyecto presenta unas 400.000 personas inscritas. Ponen dinero regularmente para financiarlo otras 40.000. Lo han apoyado económicamente en alguna ocasión esporádica otras 30.000, según cuentan sus responsables. Se puede aspirar a ganar el sorteo desde cualquier punto del planeta. Cerca de 90 personas ya han disfrutado –o aún lo hacen– de esa “renta básica” temporal. Olga Zimmer es una de ellas.

Entre noviembre de 2014 y noviembre de 2015 en su cuenta bancaria recibió esos mil euros mensuales adicionales a su salario. Aprovechó esta circunstancia para vivir mejor y abrir a sus hijos al mundo, costeando experiencias que, de otro modo, hubieran resultado inaccesibles. Zimmer, de familia rusa instalada en los años noventa en Baden-Wurtemberg (suroeste germano), vive con sus dos hijos y su marido en Biberach, una pequeña población de algo más de 3.000 habitantes. Ella y su pareja trabajan, pero el dinero siempre ha sido una preocupación. Lo fue especialmente en los días anteriores a la reconversión laboral de la madre de familia.

El sueño de ir a la ópera 

“Siempre tenemos que trabajar, rendir, ir deprisa y corriendo a todas partes, asegurar cosas, incluidas económicamente, vamos sin tiempo para pensar”, explica Zimmer. Pero tras ganar el sorteo de la “renta básica”, “el dinero dejó de ser importante para nosotros”. “Tuvimos la cabeza libre, aunque trabajamos lo mismo, para estar más en familia, algo que nos hizo más fuertes como familia”, abunda Zimmer. “La renta básica nos hizo ganar en tranquilidad y en tiempo para estar juntos”, agrega.

Gracias a la “renta básica”, su hijo Robin pudo empezar a dar clases de guitarra y cumplió uno de sus sueños, ver una ópera en directo. “No pudimos ir a una cosita facilita, así que acabamos viendo en el cine la retransmisión en directo desde Nueva York de una opera del genial compositor italiano Gioachino Rossini, de cuatro horas. Le encantó”, cuenta Zimmer. “Tratamos de hacer cosas que dejen huella, también viajes, visitas a museos, siempre algo relacionado con la educación de nuestros hijos”, añade.

El caso de la familia Zimmer sirve de contraejemplo para enfrentarse a los que argumentan en contra de la renta básica. Anke Hassel, profesora de Políticas Públicas de la prestigiosa Hertie School of Governance de Berlín, ha señalado en el diario alemán Süddeutsche Zeitung que la idea de la renta básica es un “veneno azucarado” que invitaría a los niños de partes de Berlín como Neukölln – popular barrio multicultural de la capital alemana de marcada población inmigrante – a no hacer nada con sus vidas. Según Hassel, de existir en unos años una renta básica en Alemania, muchos menores de ese barrio podrían limitarse a decir: “En el futuro sólo recogeré mi renta básica”.

Vivir sin miedo

Christian Lichtenberg, otro de los responsables de Mein Grundeinkommen, sólo puede estar en desacuerdo con esa afirmación. En vista de las cerca de 90 personas que ya se han beneficiado de la renta básica que ofrece su organización, dice a eldiario.es que “el dinero no se utiliza para no hacer nada, la gente al final siempre acaba haciendo algo”. “La mayoría dice que trabaja más que antes, que vive sin miedo y que duerme mejor, muchos dicen que prueban hacer cosas nuevas a nivel laboral ese año en el que tienen más dinero y así ganar en seguridad”, abunda.

Lichtenberg cuenta el caso de una beneficiaria de la renta básica a la que el dinero extra le supuso tal desahogo a nivel de estrés que le dejó de ser necesario tomar la cortisona que había venido utilizando durante diez años después de que se le diagnosticara la enfermedad de Crohn. “Al vivir sin tanto estrés por motivos económicos, mejoró su estado de salud”.

En las oficinas de Mein Grundeinkommen sostienen que el sorteo que organizan desde hace tres años y medio ha cambiado muchas vidas, aunque se trate “de dar no mucho dinero”, según los términos de Lichtenberg. El salario mínimo en Alemania se sitúa actualmente en unos 1.498 euros mensuales, según la Oficina Federal de Estadística. “Se trata de asegurar el mínimo de la existencia”, apunta el responsable de la iniciativa alemana. Con esos 1.000 euros al mes de renta básica se debería poder asumir la vivienda, la comida, el cuidado médico y otras necesidades básicas.

En otros países 

En torno a esa cantidad también se encuentra el concepto de renta básica que se ha planteado en otros países occidentales, como Estados Unidos. En Finlandia, las autoridades desarrollan desde el pasado mes de enero un proyecto experimental que durará dos años en el cual los beneficiarios de la renta recibirán 560 euros mensuales. Con el nombre de “renta garantizada”, Podemos ha planteado en España una medida similar que oscilaría entre los 600 y 1.290 euros, en función de la situación socioeconómica del beneficiario.

En países como Francia, Nigeria, Namibia o Canadá ya se han desarrollado o van a desarrollarse pruebas con la renta básica. Suiza rechazó hace un año en referéndum la instauración de la medida. Hasta un 78% de los helvéticos se pronunciaron en contra de los 2.500 francos (unos 2.300 euros) mensuales planteados para quienes decidieran mantenerse al margen del tradicional mercado laboral.

“Ese resultado fue tan contrario a la medida porque su instauración se planteó a través de una reforma constitucional”, precisa Lichtenberg. Aún así, “en un país tan conservador como Suiza, un 22% votó a favor, lo que nosotros consideramos una evolución positiva, porque era la primera vez que se votaba”, añade.

Para él, tanto o más importante que aplicar la renta básica es que se genere debate en torno a ella. De cara a las próximas elecciones generales alemanas del próximo 24 de septiembre, ningún partido se ha interesado por la medida. Sin embargo, “puede tener tener muchos efectos positivos sobre la sociedad. No va a resolver todos los problemas, eso seguro, pero puede ayudar a acompañar en el proceso de digitalización y robotización, que implicará pérdida de empleos”, según Lichtenberg.

La renta básica ha generado de un tiempo a esta parte especial interés en zonas dedicadas al desarrollo tecnológico donde la automatización se ve como algo a la vuelta de la esquina. Ocurre así en Silicon Valley (California, Estados Unidos). En Alemania, la robotización industrial se ha identificado con la pérdida de hasta 18 millones de empleos, según un estudio poco optimista elaborado en 2015 por la institución financiera ING-DiBa. Este tipo de previsiones, en cualquier caso, explican que el Gobierno de Angela Merkel considere desde hace tiempo el adaptarse a la digitalización de la industria una de sus prioridades.

Por lo pronto, Merkel y compañía pueden sacar pecho de números macroeconómicos. Alemania flirtea desde hace tiempo con el pleno empleo, con una tasa de paro del 5,6%. Robotización industrial mediante, el mercado laboral alemán probablemente presente números menos satisfactorios. Para hacer frente a esa eventualidad probablemente serán importantes iniciativas como la de Lichtenberg y compañía y experiencias como la de Olga Zimmer y su familia.

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