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“Tourists go home”: ¿defensa vecinal o turismofobia?

Semana de acciones contra el turismo en Barcelona. Dos mobilizaciones contra el turismo masivo, ambas reivindicadas por Arran, la organización juvenil de la izquierda independentista catalana, han sacudido la capital catalana durante la última semana. Primero fue la pintada a un autobús turístico con el lema “El turismo mata los barrios” y el pinchazo de las ruedas el pasado jueves, acción que Arran reivindicó el domingo a través de un comunicado y un vídeo.

Cuatro días más tarde, más pinchazos. En esta ocasión, en las ruedas de las bicicletas de alquiler, vehículos principalmente usados por turistas y de empresas que han generado polémica los últimos meses por el uso del espacio público que hacen aparcando sus bicicletas en los aparcamientos de la calle. “Ya estamos hartas, de la ocupación por parte de empresas turísticas, del espacio público del barrio. Actuemos! Únete al combate”, clamaba el tuit de la asamblea de Arran del barrio del Poblenou, que difundió las imágenes.

Arran es una organización juvenil que tiene 54 asambleas entre Catalunya, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana. Nació el 2012 de la confluencia entre Maulets y la CAJEI –dos organizaciones que llevaban activas 25 y 10 años respectivamente en el momento de la unión– y algunas asambleas locales de jóvenes. Sus ejes ideológicos son el independentismo, el feminismo y el socialismo, por lo que se declaran anticapitalistas y tienen en su punto de mira, entre otros, el turismo masivo.

Sus acciones en la calle no son nuevas, pero este año han conseguido más revuelo mediático como consecuencia de la condena por parte de la mayoría de los partidos políticos. Empezaron en marzo su campaña para reclamar el referéndum con un escrache en la sede del PP en Barcelona, hecho por el cual el presidente del PP catalán, Xavier Garcia Albiol, los tachó de “fascistas”. En junio se encadenaron a las puertas de la Bolsa de Barcelona, para defender el referéndum “como una herramienta para el cambio social”.

Este verano, su campaña contra el turismo masivo no se ha quedado únicamente en la capital catalana. Encendieron botes de humo frente un restaurante en el puerto de Palma y colgaron pancartas a favor de la “vivienda para los vecinos” en un piso de Airbnb en Valencia. Un portavoz de Arran, que no quiere dar su nombre, explica que su “práctica política va más allá de estas acciones”. Por ejemplo, porque “articulan un movimiento juvenil que fortalece las redes del territorio”. Pero reivindica que estas acciones directas “son importantes por el efecto que generan, porque ahora se está hablando de la problemática del turismo en los Països Catalans”.

Críticas a las acciones de Arran

Y no son pocos los que han reaccionado a las acciones de este grupo. Des del ayuntamiento de Barcelona, el concejal de Empresa y Turismo, Agustí Colom, condenó el acto contra el bus turístico pero lo definió como “un acto vandálico aislado”. El alcalde accidental de la ciudad, Jaume Collboni, en cambio, advirtió a Arran que “se van a encontrar con el Ayuntamiento, el Govern y la justicia si siguen por este camino”. La alcaldesa, Ada Colau, a quien muchos han criticado por no haberse pronunciado con suficiente rapidez, añadió a través de las redes sociales que “protestar por el turismo no puede pasar nunca por intimidar a personas ni dañar equipamientos”.

Fuera del Ayuntamiento, la mayoría de los partidos también se han mostrado contrarios a estos hechos. El portavoz del Govern, Jordi Turull, condenó los actos “sin matices” y pidió que se “replantearan este tipo de acciones”. La CUP, en cambio, no ha condenado los actos. Su portavoz parlamentaria, Mireia Boya, definió las acciones de Arran como “simbólicas” y pidió que “no se dramaticen”. Boya añadió, en una entrevista en RAC1, que a ellos se les pide que renuncien a la violencia, pero que “la violencia la provoca el Govern”.

No es la primera vez que parlamentarios cupaires defienden acciones de Arran. De hecho, la organización juvenil comparte su marco teórico con la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aunque afirman no ser sus juventudes porque funcionan autónomamente. Ambas organizaciones se engloban dentro de la izquierda independentista, espacio político del cual la CUP es el frente institucional. Junto con otras organizaciones de carácter político, laboral o estudiantil, Arran apoyó la candidatura electoral CUP-Crida Constituent (CC) y por eso participan del Grup d’Acció Parlamentària. Las decisiones tomadas en este órgano se suman en las grandes decisiones a las de las asambleas territoriales de la CUP, agrupadas en el Consell Polític, y definen el sentido del voto de los parlamentarios de la CUP-CC.

Consecuencias de las acciones contra el turismo de masas

Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) denunció en los tribunales el ataque al bus turístico y valoró los daños materiales y de parada de servicio en 1.849,24 €. El Ayuntamiento y el Govern de la Generalitat ya han anunciado que se personarán en el caso.

Varias agrupaciones de la ciudad relacionadas con el comercio y el turismo consideran que no es suficiente. “Confiamos que se pondrán en práctica inmediatamente los recursos y mecanismos necesarios para erradicar estas manifestaciones vandálicas”, escribían 27 entidades en una carta dirigida a la alcaldesa esta semana. “Los actores económicos pedimos que se garantice el orden”, añade Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, una de las entidades signatarias.

“La represión existe y somos conscientes que por cada acción política que hacemos habrá consecuencias”, admite el portavoz de Arran. Prefiere no decir su nombre porque -“acorde con sus líneas ideológicas”, dice- sus portavoces públicas son mujeres. “Ya tenemos a decenas de personas en casos represivos por otras acciones”, añade.

¿Barcelona tiene ‘turismofobia’?

Debido a estos actos y otras manifestaciones contra la industria turística se ha extendido el uso de la palabra ‘turismofobia’ –el odio y pánico hacia los turistas– entre empresarios, medios de comunicación y políticos. El presidente del grupo municipal popular en Barcelona, Alberto Fernández Díaz, aseguraba en un comunicado que la ciudad “es víctima de la ‘turismofobia’”.

Desde movimientos vecinales, como los agrupados en la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), creen que este término no responde a la realidad de la ciudad. Àlex Garcia, miembro de la ABTS, considera que este término “se lo han inventado desde la industria turística para autovictimizarse”. Afirma que ellos no se identifican con esta palabra, que “no sale de los colectivos vecinales”. Preguntados por este término, desde Arran coinciden en que no existe: “És una problemática que se inventan para no plantar cara a la precarización laboral y la destrucción del territorio”.

Que el turismo es una preocupación en la ciudad de Barcelona no es ninguna novedad. El pasado mes de junio se hacía público que esta actividad supera por primera vez el paro como principal problema para los barceloneses, según los datos del barómetro municipal. También por primera vez los vecinos que piden limitar el turismo son más que los que creen que debe aumentar, reveló el Informe de Actividad Turística 2016, aunque en el mismo informe se expone que el 87% de los barceloneses creen que el turismo es beneficioso para la ciudad.

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